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martes, 3 de junio de 2008

el necesario ajuste en el sector de la construcción


En estos días mucho se ha hablado acerca del bache que ha sacudido al sector de la construcción, los economistas discrepamos profundamente de mucho de lo que se está diciendo en los medios de comunicación. Desde la terminología de crisis hasta el alcance del ajuste del sector de la construcción. En primer lugar una crisis económica es una situación en la cual la economía de un país se contrae, y los ciudadanos pierden riqueza, sin embargo y aunque a algunos oportunistas políticos pueda molestarles, estamos creciendo, nuestra economía avanza y somos cada día más ricos. Por otra parte las cifras de paro que se manejan en los medios de comunicación están malvadamente malipuladas, ya que a su placer malinterpretan tasas de crecimiento, con valores absulotos y desvinculan a la población activa de cualquier movimiento en el paro. El ajuste en la construcción es necesario, y no lo digo yo, lo dice el mercado, las casas ya no se venden, pero al parecer debe de ser culpa de solbes. Los hay que dicen que hacen falta medidas de inervención pública ¿Para que? ¿para obligar a la gente a que compren un piso que cada mes supone un gasto del 90% de su renta? A continuación podeís leer un artículo de Anton Costas, catedrático de política económica, que a mi modesto juicio analiza con sensatez todo lo que yo brevemente he tratado de explicar


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Acostumbrados a más de 10 años de bonanza, de vender todo lo que se podía producir aun antes de comenzar la obra, de precios estratosféricos, de plusvalías muy por encima del beneficio normal en cualquier otra industria, de ostentación pública de riqueza, ahora algunos promotores y constructores de vivienda se encuentran con la cruda realidad de tener que hacer frente a los excesos de endeudamiento, buscar salida a un elevado número de viviendas construidas que no encuentran comprador y replantear el futuro del negocio para condiciones de normalidad del mercado.

Fervientes partidarios del mercado libre en los años de vacas gordas, la crisis les ha vuelto de repente intervencionistas, reclamando, casi con apocalíptico dramatismo, la ayuda del Estado. Naturalmente, esa petición no la justifican los constructores en razón de su propio interés, sino atendiendo a los "más de un millón de empleos" que se perderán si el Estado no interviene.
Esas llamadas de socorro han hecho mella en la nueva ministra de la Vivienda, pero no así en el ministro de Economía y Hacienda, Pedro Solbes, que es, en último término, el que tiene la llave de la caja de los recursos públicos. El ministro, como un buen médico, es partidario de la purga como medicina para los excesos, y no cree que se deba impedir artificialmente el necesario ajuste en la construcción.
Esta posición, expresada en la Comisión de Economía del Congreso la semana pasada, ha irritado a la patronal española de la construcción, cuyo presidente ha acusado a Solbes de decir "frivolidades", y le ha conminado a dejarse de "discursitos" y dedicarse a hacer un mejor diagnóstico. Por lo que se ve, el lenguaje de algunos constructores es peculiar, asilvestrado, callejero, de andamio, si me lo permiten los trabajadores del sector. Nunca antes lo había escuchado de representantes de otros sectores industriales -como el caso del textil, el naval y el siderúrgico- que antes lo pasaron igual o peor que ahora los constructores.
Si de algo no se le puede acusar a Solbes es precisamente de frívolo. En este sentido, el ministro no se distingue precisamente por ser la alegría de la huerta, como queda reflejado en su doble del programa Polonia, de TV-3. Por el contrario, su estilo es el del rigor sin florituras, aunque, eso sí, no sin una cierta sorna a la gallega, como la que utilizó la semana pasada al responder a la acusación de "despreciar" al sector de la construcción que le hizo Cristóbal Montoro, nuevo portavoz económico del Partido Popular y anterior ministro de Hacienda en los gobiernos de Aznar: "¿La solución que propone es que sigamos construyendo 750.000 viviendas al año aunque no las vendamos?", le contestó el ministro.
El diagnóstico de Solbes es acertado: "el sector ha acumulado excesos en años anteriores que deben ser corregidos para que la construcción residencial vuelva a crecer con normalidad, en el entorno del 3%". Eso no significa desconocer que "el ajuste de la construcción, y su efecto arrastre sobre el resto de sectores, va a tener inevitablemente un impacto en el PIB, aunque será transitorio". Pero es inevitable y sano. No es el momento de inyectar ayudas que actúen como estímulo fiscal.
La palabra clave en el diagnóstico de Solbes es, a mi juicio, "normalidad". Y la normalidad para el sector de la construcción residencial no es lo que ocurrió durante la década que acaba de terminar. Fue un periodo de anormalidad, con la iniciación de una media de 650.000 viviendas al año (más que las que se iniciaron en Alemania, Francia e Italia), cuando la formación de nuevos hogares estuvo alrededor de la mitad; y en el que los precios se incrementaron a una media anual alrededor del 12%. El simple sentido común dice que ese comportamiento no podía ser sostenible, ni era sano.
Normalidad significa que más allá de la crisis actual, la industria de la construcción tiene un futuro razonable y hasta brillante en nuestro país. La inmigración, el retraso en la emancipación de los jóvenes y el crecimiento espectacular de nuevas formas de hogares significan una demanda importante y sostenida en los próximos años.
Pero eso no significa que todas las empresas del sector tengan que ser salvadas de la crisis. La purga que necesita el sector tiene en la crisis su mecanismo darwiniano: supervivirán los mejores. Y eso será bueno para la industria. Lo saben perfectamente los promotores y constructores que después de padecer y sobrevivir a la crisis anterior, de la primera parte de la década de 1990, no se dejaron llevar por los excesos de ésta.
En una economía de mercado cada palo ha de aguantar su vela. No vale ser liberales cuando la cosa va bien, y llamar al papá Estado cuando arrecia el temporal. Sólo los banqueros se salvan, en parte, de esta regla general, por la singular importancia que la confianza en el sistema financiero tiene para la estabilidad del conjunto de la economía. Pero no así los constructores, que, como los empresarios de cualquier otro sector industrial, han de aguantar el ciclo económico y pagar sus propios excesos.
No hay mal que por bien no venga. Esta crisis debe permitir al sector de la construcción residencial llevar a cabo una reconversión profunda, de la misma forma que antes lo hicieron otras industrias y el sector automovilístico. Es el esfuerzo profundo de mejora de la innovación, la productividad y la calidad del producto, y no la irritación con Solbes, la que sacará de la crisis a la construcción y le dará una imagen pública de industria innovadora que hoy no tiene. Por lo que veo en una publicación reciente de la Cámara Oficial de Contratistas de Obras de Cataluña, de eso son también conscientes los constructores más renovadores.

domingo, 24 de febrero de 2008

Solbes ganó el debate

Primer debate electoral para las elecciones del 2008 en Antena 3. Contendientes: el vicepresidente del Gobierno y ministro de Economía, Pedro Solbes, y el ex presidente de Endesa y número dos del PP en las listas por Madrid, Manuel Pizarro. El moderador fue Matías Prats, que como él mismo dijo, tuvo poco trabajo. Color del debate: del azul al gris. Desde el fondo del escenario hasta el traje de los contrincantes se movían en esas gamas de tonos.

(EFE)
El público de Antena 3 ha dado por vencedor del debate a Solbes, en un encuentro plagado de cifras.
Diagnóstico del debate: un tanto complicado para los que no están puestos en el asunto de las cifras económicas, pero interesante y clarificador para los que siguen los números y se interesan por los modelos económicos. Mientras Solbes reivindicaba un modelo más tradicional socialista, con una menor reducción de impuestos y mayores gastos sociales -educación, sanidad e infraestructuras-, Pizarro se inclinó por el modelo de crecimiento de Esperanza Aguirre en la Comunidad de Madrid, donde, según el ex presidente de Endesa, se ha demostrado que se pueden reducir impuestos y tener crecimiento económico. Además, hizo hincapié en su pasión por la libertad del mercado como arma que lo cura casi todo.
Diagnóstico de los personajes: Solbes estuvo más suelto, solvente y relajado en el uso de las cifras, con cierta retranca en su humor británico, aunque reprochó el catastrofismo y la demagogia del PP con los datos, al tiempo que reclamó varias veces al de Teruel "un poquito de seriedad".
Pizarro se encasilló en los mensajes que le han obligado a aprenderse en el PP, tales como que hay crisis económica (pese a un crecimiento del 3,8% del PIB en el 2007 y una previsión del 2,7% para este año por parte de la UE) y que no hay confianza en la economía, porque los ciudadanos han perdido esa "confianza" en el Gobierno. Hizo verídicas las acusaciones de Solbes sobre el uso demagógico de las palabras, cuando bajó a explicar que el coste de la reforma fiscal propuesta por el PP se iba a sufragar con la supresión del Ministerio de la Vivienda; con los 200.000 euros que el ministro de Justicia se ha gastado en la reforma de su vivienda y no pagando "a los terroristas", único momento en el que Solbes estuvo a punto de calentarse en la respuesta.
Según los espectadores de Antena 3, el debate lo ganó Solbes por un 47%, frente a un 37% que pensaba que lo ganó Pizarro.

lunes, 4 de febrero de 2008

la economía en la legislatura 2004-2008




Una crítica hacia los socialistas me llegó hace poco de un conocido “no estáis diciendo aquello que hacéis bien”. Y en cierta medida razón tenía, hace poco Iñaki Gabilondo decía esto mismo en su informativo, de modo que no les demos la razón, estas cifras que atestiguan nuestra buena gestión deben de ser conocidas por todos y cada uno de los españoles y españolas.

Las voces alarmistas de los agoreros económicos del Partido Popular nos dicen ahora que la economía española esta perdiendo la inercia que su buena gestión le dio, esto es un punto de vista que en cierta medida provoca la hilaridad de aquellos que trabajamos con estas cifras, tratare de ser lo más gráfico posible:

Antes:
Inflación -- 4%
Crecimiento -- 2%
Esto es lo que consiguió la gestión del ex director del FMI en el ministerio de economía, pero hay que recalcar un matiz, el ciclo económico mundial era expansivo.

En el periodo 2004-2007:
Inflación -- 2%
Crecimiento -- 4%
Este logro tiene además mucho más mérito del que a simple vista puede parecer, el ciclo económico mundial en estos años ha sido de moderación pues avanzábamos a una recesión. Sin embargo en una coyuntura más hostil que la anterior conseguimos un mejor resultado.

Por último tenemos la cifra del 2007-2008 con un 4% de inflación y un 4% de crecimiento. Esto según ciertos “entendidos” es una crisis económica, a esto podemos argumentar dos contundentes “peros”:

-En primer lugar si comparamos el resultado económico de este año (teniendo en cuenta que es el peor de los resultados obtenidos en nuestra legislatura) con el de la anterior legislatura vemos que la inflación alcanza la misma cota, pero hemos crecido el doble.
- Pero de nuevo hay un matiz adicional, estamos entrando en una recesión económica mundial, esto que quede bien claro, no es alarmista no es un crack devastador ni un huracán, pasa aproximadamente cada 5 o 6 años, es decir la economía es cíclica no puede tener un rumbo homogéneo siempre y no es algo que nos deba preocupar especialmente.


¿Qué tenemos que tener en cuenta en esta turbulencia económica que se ha desatado desde EEUU? Tenemos que recordar que en el ministerio de economía sabía que esto iba a suceder y precisamente por eso hemos acumulado tres superhábits en los últimos años. Tal y como decía Pedro Solbes el fin de semana pasado en Madrid “¿para que pensaban que estábamos teniendo superhábits? ¿para guardar el dinero como el tío <> y sentarnos encima? No, lo hemos hecho precisamente para reactivar la economía cuando hiciese falta”.

Sin embargo, este argumento de Pedro Solbes parece no contentar a Mariano Rajoy quien ha tachado “la medida de los 400 euros de oportunismo político”. Me imagino que Mariano no sabrá quien era Keynes ni le interesa, pero la medida de devolver 400 euros a cada contribuyente es una clásica receta Keynesiana para reactivar la economía, y esto es de manual de primero de económicas y no lo digo yo, se puede comprobar si consultamos el siguiente libro:

- BLANCHARD, O (2006). “Macroeconomía”, editorial Prentice Hall . “la nueva economía keynesiana página 657.

Este manual es el que se imparte en 1º de carrera en ADE y Economía por lo que constituye uno de los fundamentos básicos de la economía actual.