martes, 23 de agosto de 2011

A Dios rogando y la caja sisando



Al parecer como escuchaba el otro día en la COPE debe existir mucho radicalismo contra vaticano pues bastante han criticado los laicos, los medios de comunicación y algunos otros el coste económico de la llegada del Papa Benedicto XVI a España. Su llegada a Madrid tuvo lugar el 18 de agosto, estando en la ciudad los últimos cuatro días de las Jornadas Mundiales de la Juventud organizadas por el Vaticano durante seis días. El presupuesto es muy modesto, dejando de lado la seguridad está estimado entre 50 y 60 millones de euros. Esta cifra me parece escandalosa en dos sentidos:

1.- La mitad del presupuesto sale de las arcas públicas, principalmente del Gobierno del Ayuntamiento y de la comunidad autónoma de Madrid.

2.- Con ese dinero se podrían llevar a cabo muchas acciones humanitarias de las que en dichas jornadas se hablará, en vez de simplemente hablar de hacerlas. Hechos y no palabras.

Un grupo de 120 curas de Madrid han firmado una carta titulada “Los Mecenas de Rouco” en la que critican la alianza entre la Iglesia y el poder económico para financiar la Jornada de la Juventud.

¿Alternativas? Se me ocurren algunas:

- Con 600.000 euros se podría salvar la vida a 100.000 personas enfermas de cólera en Simbawe (una vida se salva con 12 tabletas de tetraciclina cuyo precio es de 48 céntimos)

- Nos sobran 48.400.000 euros. Si elegimos un país como por ejemplo Angola tenemos 5 millones de malnutridos, así que podríamos invertir 5 millones de euros en comprar para cada uno un pan calentito y una taza de café con leche. Por 20 millones de euros podríamos fletar un avión hacia el cuerno de África.

- Con los 23.400.000 euros que nos quedan podríamos invertir en proveer una manta a cada uno de los habitantes de Haití que aún siguen sin hogar dado que ahora se acerca el invierno.

- Todavía nos sobran 16.400.000 euros ¿Qué tal si hacemos algo con los sin techo que tenemos en España? En España tenemos 30.000. Podríamos regalarles 500 euros a cada uno y además no les obligaríamos a creer en Dios.

Pero parece más interesante invertir este dinero en mantener un foro en el que se hablará de hacer estas cosas en vez de hacerlas. Y si en vez de haber fichado a Cristiano Ronaldo el Madrid hubiese organizado un congreso en el que se discutiría la posibilidad de hacerlo, invitando de paso a prestigiosos analistas internacionales en la materia. ¿Por qué esta inversión en palabras y no en hechos? A Dios rogando y la caja sisando

2 comentarios:

angel dijo...

estoy de acuerdo en que la ostentosidad y el despilfarro que se a podido observar en estos dias de la JMJ a sido mas que escandaloso, y aun mas teniendo en cuenta el contexto economico de cisis aguda por el que pasamos, crisis que por cierto parece que,(aunque el paro se ha estabilizado y comienza a bajar ,al menos estacionalmente), siempre parece que puede ir a peor. tambien estoy de acuerdo en que el dinero invertido pueda utilizarse para causas mucho mas nobles,(pero, ¿acaso no es esto casi siempre así?).
Manteniendo mi desacuerdo con este evento, a mi juicio, mas parecido a un festival de musica que a un acontecimiento religioso, creo que es justo decir que la publicidad que este acontecimiento da a España en general y a Madrid en particular rivaliza con los mejores eventos deportivos, habria que gastarse muchos millones para tener la misma repercusion a nivel internacional. tambien habria, pienso yo, que mencionar el dinero que aportan a la ciudad los casi 2 milones de turistas que han visitado madrid en estos dias, quiza no sea un turismo que destaque por su consumo, pero simplemente por el mero número de gente, las cifras (sin tenerlas presentes) deben de convertirse en considerables.
Al fín y al cabo para calcular la rentabilidad de algo, se deben calcular los costes, si, pero tambien los ingresos. quizas ahora que ya a pasado todo, si esos ingresos son superiores a los gastos se podria seguir planteando utilizarlos en tus propuestas.
Angel J.

borja montaño dijo...

Hola Ángel estoy de acuerdo con tu punto de vista siempre y cuando evaluemos económicamente dicha visita como un acto comercial, de publicidad y rentable. Pero, ¿no se trataba de otra cosa?